26 oct. 2010

Leslie, Capítulo 2, Recordándote

" - Te prometo que no olvidaras este momento, porque apartir de ahora tu y yo seremos uno mi querida Alexandra, eres mi otra mitad - se acercó a mi cuello y me mordió con fuerza"

Abrí los ojos de repente y levanté la tapa del ataud con un solo pensamiento, mierda! , todavia recordaba cada noche mi transición y eso me producia terribles sueños.
Salí cansinamente de aquel objeto donde la terrible Nath me hacia dormir y me dí cuenta de que esta no estaba, seguramente se habria ido de nuevo a alimentarse de algun ingenuo humano que se creyera sus mentiras.

Me dirigí a la cocina, habia una nota pegada en el frigorifico y no me pasó desapercibida la clara letra de Natasha.
- He salido Less, tienes el portatil en la mesa del comedor, tienes que seguir escribiendo, te quiere tu queridisima Nath .- terminé de leer y en mi rostro se formó una sonrisa, sin duda era incorregible, no conseguiría cambiarla ni en milenios.
Agarré uno de los vasos del armario y abrí la nevera, dentro de esta habia unas cuantas bolsas de sangre, era sangre de humano que uno de mis queridos amigos me proporcionaba todas las semanas, no me gustaba salir a cazar, después de tanto tiempo me resultaba aburrido, y me era dificil alimentarme, ya que no queria otra sangre, solo queria la de el...
Cuando mis recuerdos se tornaron a lo sentimental negué con la cabeza, vertí una de las bolsas y me fuí bebiendo con lentitud del vaso hasta el comedor.

Como habia dicho la "yo nunca estoy en casa" mi portatil se encontraba encendido y con mi documento de Word abierto, lo que significaba que lo habia estado leyendo, suspiré y seguí con mis recuerdos.

" - ¿Pero..? .- fue lo unico que puede articular, no podia creer que mi padre, mi propio padre me hubiera tendido una trampa, el milord tenía que ser el mentiroso en esta historia.
El se rió y bajo su mano por mi cuello, hasta mi cintura, me pegó a el con una fuerza asombrosa.
- No pienses esas cosas querida, no me gusta la mentira y por ello no soy un mentiroso .- dijo con su acento ingles.
Me estremecí, pero no sabia si era porque habia adivinado lo que pensaba o por su dulce y calido aliento junto a mi oido.
- Dejeme marchar milord, usted puede tener a muchas chicas y le pueden ofrecer mas de lo que yo tengo .- murmuré sin mirarle a los ojos.
Mi padre me habia contado que el milord tenia un gusto exquisito con las mujeres y por eso se habia ofrecido a verme a mi, porque creia que yo podia ser su reina.
- No puedo dejarla marchar madame, mi reino está impregnado de tu olor y la bestia se muere por probarla .- dijo con una sonrisa burlona en su rostro.
Empecé a temblar, ¿bestia?, eso era lo que habia dicho ¿no?, o quizás yo le habia entendido mal.
- Me ha oido bien, la bestia quiere probarla, si la deja.. quizás luego puedas marchar .- dijo separandose completamente de mi.
El volvió a sentarse en su trono y me dejo alli sola, en medio de la gran y solemne sala, yo suspiré, lo unico que queria era poder darle a mi familia una vida mejor, y llegar a casa sana y salva.
- Lo ha..haré .-tartamudeé nerviosa.
Entonces toda la habitación se apagó, y dejé de sentir el suave olor de milord, para dejar entrar una fria brisa por las ventanas."

Paré de escribir para dar otro pequeño sorbo de sangre, todos esos recuerdos me hacian entristecerme, recordar cada palabra y cada momento con el me producia temor y sobretodo tristeza. Apreté con los puños con fuerza y me concentré en el ordenador..

"Todo paso rapido, no veia nada, toda la habitación estaba a oscuras y no oia a Benjamin por ninguna parte.
Pero entonces algo se movió, acercandose hasta mi, me agarró con fuerza de la cintura y se apoderó de mis labios, sabia a ron y tabaco y no pude evitar desear que ese beso no terminara nunca.
Mis brazos estaban pegados a mi cuerpo porque no podia moverme, mi nerviosismo ocupaga hacía dos minutos toda mi cabeza, pero ahora dejaba paso a ese beso, noté como sus besos iban y venian por mis mejillas y volvian a mi boca, entonces mordió con dulzura mi lengua, pero me hizo despertar, eso no era normal, tenía que acabar ese beso, entonces como si la bestia me hubiera leido el pensamiento se separó de mi y la brisa desapareció con ella dejando de nuevo el suave olor de Benjamin.
- ¿Puedo marcharme ya? .- pregunté nerviosa, todavia todo seguia a oscuras pero notaba que milord estaba en la sala.
Chasqueó la lengua.
- Lamento que no puede ser Alexandra, a la bestia le has gustado y no va a dejar que te vayas .- dijo, en su voz podia notar la derrota y la melancolía a la que se enfrentaba"

Guardé el nuevo documento y miré por la ventana, todavía faltaban unas horas para que amaneciera y necesitaba olvidarme un poco de todos mis fantasmas.
Cogí el abrigó y salí de alli dando un portazo.

29 ago. 2010

Nathasa, Capítulo 1, Nuevo día



 

“La vida es corta querida, si no la aprovechas no conseguirás nada”

Aquella frase se me había quedado grabada en mi mente desde el día en que lo conocí. Después de casi 500 años de ello, aun seguía recordándolo todo sobre él. Su risa, sus labios, su forma de hacer que te quedases mirándolo fijamente a los ojos, sin duda había sido uno de los hombres que más me había atraído en toda mi vida.
“Disfruta de la vida querida Sophia, pues es la única que tenemos”

Abrí la tapa con fuerza de mi ataúd haciendo sin querer un fuerte ruido y provocando un golpe seco en el suelo cuando chocó aquella tapa. Gruñí, esperaba que con este ruido no hubiera despertado a Leslie, pues sabía lo enfadada que se ponía cuando la despertaba de su sueño, cuando según ella, podía disfrutar de algo más. Miré hacia donde estaba su ataúd y  suspiré calmada, ella no se había despertado. Sonreí. El suspirar era un gesto humano que se había convertido en una manía para mí pues aun seguía recordando algunas cosas de aquella vida y las había vuelto manías. Me revolví el pelo, echando hacia atrás aquellos mechones rebeldes rizados negros que tenía y meneando un poco la cabeza para que mi largo cabello cayese bien por mi espalda. Desde mi época humana me había gustado llevado largo aunque estaba prohibido por aquel entonces, por lo que ahora disfrutaba llevándolo así.

Me estiré un poco y salí del ataúd, la verdad que seguía sin comprender del todo, el porqué le había dicho a Less que teníamos que dormir en ataúdes, con lo fácil que era dormir en una cama, además de que si decidía traerme a algún macho tenía que conseguir una cama, pues no iba a acostarme con él en un fino ataúd. Suspiré de nuevo mientras mis manos pasaban por la fina madera de la que estaba construido en ataúd. Sonreí, aunque me quejase, tenía que reconocer que me encantaban y además era una cosa con la que hacía rabiar a Less, así que, solo por eso ya me gustaban.
Caminé hacia las escaleras que conducían al piso y miré de soslayo el ataúd de Less, esperaba que durmiera bastante más, pues no quería que subiera y viera lo que estaba organizando.

Fui directa a la habitación que se encontraba al final del pasillo y cerré la puerta con cuidado echando el pestillo y encendía la luz de la mesilla. Otra manía, pues aunque veía perfectamente gracias a mi visión, me gustaba tener aunque fuera una pequeña luz que iluminase el lugar.
Allí, abrí las puertas del enorme armario de color marrón oscuro construido en madera de roble traído de Francia y comencé a buscar algo que ponerme. La ropa estaba perfectamente guardada en cajones, lejas y perchas, perfectamente cada cosa en su sitio y todo doblado. Tenía que reconocer que era bastante ordenada y que tenía una pequeña obsesión con ello pero trataba de no demostrarlo, no demasiado.
Finalmente me decanté por un vestido elegante de tiras anchas de color azul marino con flores como estampado y que llevaba en el cuello una pedrería de color azul y blanco, con pequeños cristales que adornaban el cuello circular; el vestido era un poco ceñido y realzaba algunas de mis  curvas. Me recogí el pelo echándolo hacia atrás y me eché un poco de espuma en las puntas para que los rizos finales se vieran realzados. Cogí unos zapatos finos del mismo color que el vestido y con un poco de tacón de aguja, no mucho, puesto que ya era bastante alta y nunca me había gustado mucho serlo.

Cogí el bolso, el IPAD, gracias a ese pequeño aparato podía saber casi todo al momento y guardaba todo lo que necesitaba para mi trabajo. Me acerqué hasta una leja que tenía con fotos y miré dos en las cuales salía en cada una con un hombre. Las miré unos instantes y acaricié ambas fotos rozándolas con la punta de mis dedos donde salían ellos. Suspiré pensativa. Esperaba que con aquello que estaba ideando pudiera a cualquiera de los dos. Él era una de las razones por la que estaba haciendo todo esto. Negué con la cabeza y miré el reloj que llevaba en mi muñeca derecha, un regalo de Less por uno de mis cumpleaños. Sería mejor que me fuera marchando o acabaría llegando tarde; dejé el portarretrato detrás de los demás, donde estaba antes y salí de la habitación. Usé mi mente para cerrar el pestillo por dentro.
Esa habitación era únicamente mía y me gustaba que siguiera siéndolo. Era lo único que no compartía con Less, lo que tenía dentro de aquella habitación, ya que era algo demasiado personal para mí  lo que había entre aquellas cuatros paredes.

Cogí las llaves del coche y caminé hacia la puerta del garaje donde se encontraban nuestros respectivos coches. Antes de ir pude ver el portátil de Less abierto aunque apagado encima de la mesa del salón; sonreí por ello. Vaya, al parecer se había tomado en serio aquello que le dije de escribir nuestras memorias.
En el garaje estaba el descapotable deportivo  de Leslie, bastante atractivo la verdad, aunque no era del todo mi gusto,  ya que prefería los coches con capó, por eso yo tenía un Lexus LS Hybrid negro metalizado realmente elegante y sobretodo discreto, algo que no solía ser normal en mí, pero tenía que reconocer que los coches así me encantaban.  Tenía otro coche, un Porche Carrera GT rojo, que era el que solía usar cuando iba de fiesta ya que prefería reservarme el Lexus para ir a trabajar.

Mientras subía en el coche, pensaba en la mentira que le había dicho para que escribiera sobre su pasado…
-Oh vamos Less, venga, será divertido y seguro que acabamos haciéndonos famosas y todo- le había dicho una de las tardes anteriores.
-No sé yo Nath, no tengo muchas ganas de escribir y recordar mi historia y encima para la revista donde trabajas- me había replicado ella, aunque finalmente había conseguido que cayera y aceptase escribir su historia.
Si ella supiera para que deseaba verdaderamente que escribiéramos nuestras historias, creo que me odiaría y mataría.

Cerré la puerta del coche, abrí con el mando la puerta del garaje y salí rápidamente de allí para ir a mi oficina situada en el centro de la ciudad de Nueva York. Vivíamos muy llegando a las afueras de la ciudad, en uno de los barrios más lujosos y ricos de Nueva York. Todo había sido cosa mía y me había encargado de buscar casa después de que decidiéramos venirnos a vivir aquí. Me gustaba el barrio, había gente agradable y con la que de vez en cuando salía a dar una vuelta. Prefería vivir alejada del bullicio de la zona centro y retirarme un poco a las afueras. Era más tranquilo, sobre todo si traíamos compañía.

En unos quince minutos estuve en el centro de la ciudad, me gustaba la velocidad, por eso me había comprado este coche, ya que era uno de los más rápidos y además me encantaban todos los adelantos que tenía. No era tan lujoso como el que tenía para cuando salíamos de fiesta pero para ir a trabajar me gustaba, ya que demostraba mi formalidad y mi buen gusto; algo que se tenía muy en cuenta al parecer en la revista donde trabajaba.

Aparqué en el aparcamiento subterráneo que teníamos en el primer piso del subsuelo y tras sacar mi bolso y el IPAD del coche, cerré la puerta y me dirigí hacia el ascensor. Allí pulse el botón de piso principal para ir a la entrada de mi trabajo.

En la zona principal del edificio de 6 plantas se encontraban un par de compañeros con los que colaboraba de vez en cuando y también uno de los encargados de mi ascenso a redactora jefa de la revista y periódico New York Times. Los saludé con una sonrisa discreta y subí en otro ascensor hacia mi oficina. Sabía que en parte, me había ganado el puesto gracias a mi atractivo pues todos me decían que uno de los jefes estaba loco por mí y deseaba pedirme para salir, algo que no me molestaba y que si me daba beneficios no me importaba, pues solo era un humano más. Entré en mi despacho, cerré la puerta  y tras quedarme mirando las fotos que tenía en la mesa en las que en una salía con Leslie y en las otras con una persona distinta, volví a exhalar un suspiro y  comencé a escribir en el portátil una noticia que me había llegado al IPAD proveniente de Los Ángeles. Más tarde escribiría algo sobre mi historia y cómo me convertí en la  persona que soy ahora.

27 jul. 2009

Leslie, Capítulo 1, El comienzo

"Me llamo Alexandra Leslie Valentine y tengo 18 años, vivo con mis padres y con mi hermana pequeña Sarah, somos de Inglaterra y nos consideramos de clase media/alta...."

Gruñí y le dí a la tecla de Supr, no me gustaba para nada la idea de escribir mis memorias, pero Natasha había dicho que nos vendria bien contar las cosas que nos habian pasado pero no sabia porque la habia hecho caso.
Hace una semana me dijo que se habia inscrito en una revista, odiaba el poder de persuasión que podía tener Nath con la gente, y de la noche a la mañana la habían hecho reportera jefe de la revista, comentó que tenia una buena historia y aseguro que le encantaría al mundo y sobretodo a los lectores de la revista "New York Times", la historia de dos vampiresas que habian vivido miles de años y que contarían su transición.
Me levanté del sofa y dejé el portatil sobre la mesa, me asome a la ventana y pude ver que esa noche contaba con una esplendida luna llena, a lo lejos podían oirse los gemidos de la noche junto con los aullidos de los lobos, chasqueé la lengua y volví al sofa, cogí de nuevo el ordenador y volví a probar.

"Mi padre poseia unas cuantas tierras y era mano derecha de un importante principe, mientras que mi madre se encargaba de cuidarnos a mi hermana y a mi, a padre nunca le habia gustado que ella trabajara por lo que esta casi nunca salia de casa.
Sarah tenía 5 años y estaba encantada con que mi madre no la dejara nunca sola, era muy miedosa y creia que por las noches los monstruos del bosque vendrían a por ella, mi padre tuvo que tapiar sus ventanas para que dejara de asustarse de las sombras."

Me llegó el olor de Natasha y me levanté, abrí la puerta y me la encontré bajando de su coche, negro como el color de sus ojos cuando se enfadaba.
Venía pintandose los labios por lo que supuse que vendria de alimentarse.
- No se porque he dejado que me metas en estos lios .- dije mientras me apoyaba en el marco de la puerta.
Natasha me sonrió con su tipica sonrisa burlona.
- Es una buena idea contar al mundo nuestra historia .- dijo mientras se colocaba a mi lado, me pasó un brazo por los hombros y me miró - Nos haremos famosas Less, es lo mejor que nos va a pasar en el mundo aparte de esto .- dijo, acto seguido sacó los colmillos y paso la lengua por ellos, para que si no me habia enterado, me diera cuenta a lo que se referia con "esto"
Quité su brazo y volví a meterme para dentro
- Guarda el coche y dejame tranquila, ya que tengo que hacer esto lo minimo que puedo hacer es hacerlo bien .- susurré
Miré hacia la puerta pero Natasha ya no estaba, como odiaba que hiciera eso.
Volví a coger el portatil..

"El dia que cumplí los 18 mi padre me llevo al castillo del principe, desde bien pequeña habia dicho que cuando los cumpliera él mismo se encargaría de llevarme hasta su majestad.
Mi madre me habia ayudado a arreglarme y me habia hecho un recogido precioso con mi larga melena rubia, me acuerdo cuando dieron las 12 de la noche, mi padre entró en casa y cuando me vió vino abrazarme
- Alexandra estoy muy orgulloso de ti, sé que tu seras la futura princesa y nos llevaras a todos hacia un mundo mejor .- me dijo.
((Se me habia olvidado deciros que mi padre queria llevarme a ver al principe solamente para que se enamorara de mi belleza y me convirtiera en su reina.))
Solo pude asentir y me agarré del brazo de mi padre, caminamos hasta donde tenian la carroza y me ayudo a subir, pero él no lo hizo.
- ¿No vienes padre? .- pregunté
Mi padre negó con la cabeza
- El principe ha solicitado verte solo a ti .- dijo
Me despedí de el y nos alejamos de mi casa, llegamos al poco tiempo al castillo y me ayudaron a bajar, en la puerta habia un joven esperandome, era rubio, bastante alto comparado conmigo que cuando me vio vino hacia mi.
- La llevare con el principe señorita .- me dijo.
Empezó a caminar y le seguí en silencio mientras contemplaba los miles de cuadros colacos por las paredes del castillo.
El joven se paro y me señaló una puerta, la miré y cuando iba a darles las gracias al joven ya se habia marchado.
Llamé levemente y entré, la sala estaba oscura, lo unico que se veia era la tenue luz de la luna que entraba por una de las pocas ventanas que tenía la habitación.
- Me alegro de conocerla señorita .- dije una voz.
Giré la cabeza a donde venia la voz, pero lo unico que vi fue...oscuridad.
- ¿Milord? .- fue lo unico que mis labios pudieron articular.
Lo siguiente que oí fue un choque de palmas que hizo que la luz se encendiera.
Tuve que cerrar los ojos debido al cambio de luz y cuando los abrí un hombre de unos 23 o 24 años presidia la sala, estaba sentado sobre un trono de color rojo, parecido al carmín de mis labios, era tremendamente atractivo y no entendía el porque el principe no habia encontrado ya a su princesa"

Deje un rato de escribir y suspiré, recordar todo esto no me hacia sentirme mejor y lo que menos queria era publicar mi historia en una revista del cotilleo.
Fui a la cocina y saqué una cerveza del frigorifico, me apoyé en la mesa de la cocina e hice aparecer alli el portatil
"- No quiero que me llame milord .- dijo mirandome - Llameme Benjamin .- susurró
El sonido de su voz se perdió en la oscuridad y yo no me atreví nisiquiera asentir con la cabeza.
Su voz irradiaba belleza, carisma, fuerza y sobretodo poder, un poder inimaginable.
Se levantó y vino hacia mi, cuando estuvo a unos cuantos pasos sonió, dejando a la vista sus perfectos y blancos dientes.
- ¿Está asustada? .- preguntó de la misma forma que te preguntan que tal estás.
Negue con la cabeza
- ¿Deberia de estarlo milord? .- murmuré - No me gusta que me llamen de usted, le pido por favor que deje de hacerlo señor, mi nombre es Alexandra .- dije queriendo parecer firme
Al principe pareció hacerle gracia porque lo que escuché fue un sonido parecido a la risa.
- Es demasiado valiente de venir hasta aqui tu sola señorita Alexandra .- dijo
Arrugué la nariz y negue con la cabeza
- Vine sola hasta aqui porque usted lo ordeno asi .- dije mirandole, estaba empezando asustarme
Esta vez si supe que el principe se estaba riendo, una carcajada resono en toda la habitación
- Asi que el querido Gabriel ha dejado a su querida princesita venir sola al Castillo Pessi y a estas horas de la noche .- dijo y acarició mi mejilla.
Quisé apartar su mano de mi pero no pude, mis manos temblaban y estaba empezando a encontrarme un poco mareada...¿Mi padre me habia mentido?"

Deje de escribir y suspiré, mis manos volvian a temblar, de la misma manera que lo hicieron cuando conocí a Benjamin, aquel que habia sido mi perdición y la de mi familia...
Me asomé por la ventana y gruñí, habia estado toda la noche escribiendo y no habia tenido oportunidad de alimentarme, ya estaba amaneciendo, baje al sotano y Nath ya estaba metida en su ataud pero todavia con la tapa abierta.
- Por tu culpa ahora tengo que esperar hasta mañana para alimentarme .- dije metiendome en mi ataud, se me clavó una astilla en el dedo y gruñí - Como lo de los ataudes, ni que no pudieramos dormir en una cama aqui en el sotano.
Natasha se echo a reir y cerró con fuerza la tapa de su ataud.
- Buenas noches querida Less .- la escuché decir
Negué con la cabeza y cerre yo tambien mi tapa
- Buenas noches .- susurré

24 jul. 2009

Epílogo

Cuando la vida te da una segunda oportunidad...¿dejarías todo lo que tienes por aprovecharla?, algunos dicen que si, otros que quizás lo mejor es que siga con mi pesima vida y deje de creer en cuentos de hadas o otros incluso dicen que como es posible tener 2 oportunidades en la vida.
Bueno pues a nosotras la vida nos presentó otra oportunidad, quizás fue porque desperdiciamos la primera vida y por ello nos dieron otra vida mejor, porque eso era lo que pensabamos, que seria una vida mejor....vamos a contaros nuestra historia, como nos conocimos hace mas de 1500 años